Que mi vida había sido demasiado ordinaria hasta que se me apareció una niña de 7 años con voz de pito en mi casa justo cuando me encontraba en las fases finales de una masturbación es un hecho demasiado claro. Por otra parte, encontrarme al segundo después de eyacular en un planeta desconocido, compuesto por rocas rocosas sólamente y lo que parece un alien verde que camina hacía mi dando saltitos y emitiendo ruiditos de conejito feliz , es ciertamente perturbador. Y todo esto muriéndome de frío, desnudo en aquel lugar.
Cuando aquella cosa verde estuvo lo suficientemente cerca como para que mi (ahora) flácido pito le diese en la cara, dejó de saltar y emitir ruidítos perturbadores y me dijo algo que me dejó atónito perdido: